A lo largo del tiempo, México ha demostrado ser tierra fértil para la creación de filmes de calidad. El cine nacional ha tenido alarmantes altibajos en sus más de cien años de historia, pero a momentos ha logrado contarse entre las industrias más atractivas a nivel mundial. Tomando esto en cuenta, ¿de qué formas se fomenta la producción cinematográfica en México? ¿quién recibe estos incentivos? ¿cuál es la derrama económica? ¿cuáles son los problemas que se han presentado alrededor de los fideicomisos? Y, sobre todo, ¿qué tan factible es realizar un proyecto de cine en nuestro país?
Desde las becas del IMCINE hasta la polémica 226, los fideicomisos destinados al cine siempre dan de qué hablar. Mi intención es descubrir las mejores formas en que un cineasta puede llegar a realizar su proyecto, hacer una aportación a la industria y contribuir a la riqueza artística de México, un país con una rica historia de buen cine.
La COMEFILM (Comisión Mexicana de Filmaciones), por ejemplo, es una instancia gubernamental que ofrece información a nivel mundial para atraer proyectos a México.
El IMCINE apoya la producción tanto de cortometrajes como de largos, con la intención de difundir los valores culturales y nacionales. FOPROCINE (Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad), FIDECINE, EFICINE e IBERMEDIA están a cargo de esta instancia.
FOPROCINE apoya el cine experimental y de autor.
FIDECINE está orientado al buen cine comercial.
EFICINE es el estímulo fiscal del Art. 226 de la Ley del ISR y significa una derrama económica de 500 millones de pesos anuales. Espera apoyar 30 películas por año.
IBERMEDIA, creado en 1997, está orientado a la coproducción de películas para cine y televisión en Iberoamérica, a la formación de recursos humanos para la industria, al montaje inicial de proyectos y a la distribución y la promoción de películas en el mercado regional.
A manera de ejemplo, quisiera mencionar algunos de los 18 largometrajes producidos con ayuda del IMCINE en 2009. En lo personal llaman mi atención Bala Mordida, de Diego Muñoz, La pantera negra, de Iyari Wertta y Norteado, de Rigoberto Perezcano. Un rápido vistazo a los avances de estas películas ayuda a esbozar un panorama de las cosas que están realizándose en el cine nacional:
Además de estos largometrajes, el IMCINE también produjo 16 cortos y 18 documentales durante 2009.
En este sitio puede encontrarse mayor información acerca de estos largometrajes. Fichas técnicas, sinopsis, créditos, información de contacto, etc.
Lo que resulta interesante de este recurso es que especifica las compañías productoras que contribuyeron en cada uno de los proyectos, así como los fideicomisos que jugaron un papel en estas 18 producciones de largometraje de 2009.
En esta liga aparece información acerca de los largometrajes, cortometrajes y documentales producidos (o co-producidos) por el IMCINE entre 2007 y 2009. Además, puede hallarse información acerca de los largometrajes y los documentales que verán la luz próximamente.
En cuanto a la cantidad monetaria destinada por el gobierno en 2009, Noticine reportó lo siguiente:
Estos datos se desprenden del informe anual que el IMCINE dio a conocer, a través de un boletín de prensa. En el documento se destaca que el gobierno federal destinó 753 millones de pesos -500 vía EFICINE aportados por más de cien empresas- para la producción de películas mexicanas.
Y, ¿a quién se reparten los incentivos? La respuesta es la siguiente: el IMCINE realiza un concurso anual a través de una convocatoria a nivel nacional. Esta convocatoria es conocida parte del Programa de Estímulo a Creadores Cinematográficos. Obedeciendo a un proceso de selección, el organismo destina los recursos del gobierno federal a los (que ellos consideran) son los mejores proyectos, que son presentados por los pretendientes al apoyo en todas sus etapas de producción.
Otras instancias, tales como festivales, eventos culturales, entidades y concursos otorgan premios que permiten que proyectos cinematográficos levanten el vuelo. Aquí cabe mencionar que, en muchas ocasiones, el apoyo del IMCINE resulta insuficiente. Hagamos una comparación –que puede resultar un tanto ridícula- del costo de la película más costosa de la historia: Avatar. El New York Times estima que la épica de James Cameron costó casi 500 millones de dólares, aproximadamente 10 veces más que lo que el gobierno destinó para la producción total de cine en todo el año. Y aunque medirnos contra la industria cinematográfica más grande del mundo puede parecer inútil, no deja de ser un indicativo del tamaño de la industria nacional.
De modo que el panorama de los fideicomisos para la producción cinematográfica en México, en una primera aproximación, parece amplio, diversificado e incluso exitoso (a final de cuentas, sí se produce). Sin embargo, parece haber un ambiente de brutal competitividad entre los creadores de cine –tanto a nivel nacional como internacional-, así como fuertes comentarios que sugieren que la industria es prácticamente inexistente y que en los últimos años ha ido en picada.
Recordemos la época que se denominó del “Nuevo Cine Mexicano”. A partir de la década de los noventa y hasta inicios del siglo XXI, la industria del cine mexicano resurgió de una manera impresionante. Películas como El Bulto (Gabriel Retes, 1991), Sólo con tu pareja (Alfonso Cuarón, 1991), Cilantro y Perejil (Rafael Montero, 1996) y Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000), demostraban que en México podía hacerse cine de excelente nivel y esperanzaban a productores y espectadores por igual.
Posteriormente y, en buena parte gracias a los logros de cintas como las arriba mencionadas, pudieron realizarse en México proyectos comerciales que generaran mayores ingresos. KM. 31 (Rigoberto Castañeda, 2006) y El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, 2002) se encuentran entre las cintas más taquilleras en la historia del cine nacional.
Sin embargo, esos días pasaron, y la producción cinematográfica en México cayó visiblemente. La fe puesta por las audiencias en los proyectos mexicanos se ha perdido en los últimos años. Salvo excepciones como El Estudiante (una película muy pequeña), no ha habido películas que alcancen el éxito que se preveía hace cinco años. La tendencia optimista se ha ido oscureciendo, al grado que la posibilidad misma de realizar proyectos más grandes (como la exitosa Ladies’ Night, por ejemplo) es seriamente cuestionable.
Como está la cosa, ningún productor se arriesgará con una propuesta de este tipo, aún cuando ésta sea comercial y potencialmente exitosa. La convención parece ser, entonces, que si se realiza un proyecto como los mencionados en los ejemplos, la gente no irá a las salas. La realidad es que no hay un clima que permita que se generen expectativas en torno a una película mexicana, como efectivamente las hubo hace un par de años.
Entrevista a Alberto Estrella, protagonista de Crepúsculo Rojo, una de las 18 cintas producidas con apoyo del IMCINE en 2009.
Algunas personas alegan que la industria cinematográfica en México no existe. “No hay industria”, es un comentario común cuando se toca el tema. Es mi opinión que sí hay una industria. Quizás no es una muy redituable, ni muy fructífera o admirable siquiera (tanto en el circuito de festivales como a nivel comercial), pero existe. Hay esfuerzos que, mermados quizás por la corrupción y los intereses de la iniciativa privada -alegatos comunes, también-, no hacen que levantar una película sea fácil para nadie. Sin embargo, yo creo firmemente que el reto de hacer (buen) cine se encuentra en vencer todos los obstáculos que puedan presentarse y lograr cosas inimaginables incluso en un ambiente tan tortuoso y hostil para el realizador. En conclusión: sí se puede. Y puede ser una visión un tanto romántica, pero lo que es cierto es que un proyecto de cine exige un compromiso que raya en el heroísmo para volverse realidad.







